Habitamos Tramallol, nuevo espacio de trabajo

Un día me topé con él y quise entrar. Recién llegada a la ciudad, iba en busca de espacios de encuentro, de lugares para la contracultura y para la cooperación de ideas. Y ahí estaba Tramallol, con su cocina de harinas artesanales y, al fondo, siluetas muy diversas compartiendo un mismo territorio.

Los cables caen del cielo de la nave, la luz invade el espacio, lecturas trasnochadas pueblan sus paredes, mesas que hablan de los trabajos más dispares, y sillones en círculo invitando a una interesante conversación en torno a una caldera. Un escenario habitado de inquietudes en constante movimiento, en pleno centro de la ciudad. En estos tiempos, es alentador encontrar un espacio donde cada segundo se construyen proyectos; y se puede oler la ética en cada uno de ellos, pensé.

No fue por iniciativa propia, el muchacho me empujó a habitar Tramallol. Fue mi regalo de enero, mi forma de inaugurar el año: un hogar para construir mi proyecto.

Hubo un detalle decisivo en todo esto: presidía el espacio una pantalla gigante para proyectar, herencia de uno de los cines de la ciudad. Y yo ya pensaba en todas las creaciones que ahí devoraría.

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